Hace unos quince años esta peculiar banda sudafricana de hip hop no era precisamente de mi agrado. Escuché algunas canciones, vi algún videoclip y seguí de largo sin interés por profundizar en su propuesta.
Sin embargo, el tiempo terminó cambiando mi percepción. Todo comenzó cuando vi Chappie, la película de Neil Blomkamp, y más tarde el cortometraje Umshini Wam, dirigido por Harmony Korine. Allí aparecían nuevamente aquellos personajes extravagantes que me resultaban familiares: Ninja y Yolandi. Eran los protagonistas de esas historias, pero también los integrantes de Die Antwoord. Esa mezcla entre ficción y realidad despertó mi curiosidad y me llevó a conocer mejor quiénes eran realmente.

¿Qué hace tan llamativo a Die Antwoord?
La respuesta más sencilla está en sus videoclips. Son extravagantes, provocadores, visualmente agresivos y, en muchos momentos, completamente absurdos. Pero detrás de toda esa estética hay una identidad muy definida.
El documental ZEF: The Story of Die Antwoord sigue una estructura bastante tradicional. Recorre los comienzos del dúo, su ascenso a la fama, las polémicas que los rodearon, su vida familiar y el desarrollo de su propuesta artística.
Los protagonistas son, por supuesto, Watkin Tudor Jones (Ninja), Anri du Toit (Yolandi Visser) y Sixteen Jones, la hija de ambos, cuya presencia resulta importante para comprender la dinámica familiar. También aparecen numerosas entrevistas con personas cercanas al grupo. Entre las más interesantes se encuentran las de Jack Black, el productor DJ Hi-Tek y el fotógrafo Roger Ballen, cuya influencia estética sobre Die Antwoord es enorme.
El documental muestra una etapa que muchas veces pasa desapercibida cuando uno conoce a artistas exitosos.
Ninja y Yolandi tenían una hija pequeña y sobrevivían gracias a trabajos ocasionales para poder mantener a la familia. Resulta llamativo pensar que, antes de convertirse en un fenómeno mundial, atravesaban dificultades económicas mientras intentaban abrirse camino con una propuesta artística tan poco convencional.
Su gran salto llegó en 2010 con el videoclip "Enter the Ninja", publicado apenas dos años después de la formación del grupo. La producción del video implicó un enorme esfuerzo económico y físico, y ni siquiera tenían la certeza de que podrían vivir de la música.
El resto es historia. El videoclip se volvió viral y Die Antwoord comenzó una carrera internacional en la que su estética, su forma de hablar y su actitud pasaron a ser tan reconocibles como su música.
Para entender a Die Antwoord hay que entender el concepto de ZEF (titulo de la película).
Originalmente, el término era un insulto dirigido a determinados sectores blancos de clase trabajadora en Sudáfrica, algo comparable —aunque no idéntico— al concepto estadounidense de "white trash". Con el tiempo, el grupo resignificó esa palabra y la convirtió en una identidad cultural.

Yolandi la resume con una frase que se volvió muy conocida:
Por su parte, Ninja sostiene que el zef consiste en ser uno mismo sin importar la opinión de los demás. No se trata solamente de una forma de vestir, sino también de una actitud frente a la vida: representar quién eres mediante la música, la ropa, la manera de hablar y de pensar."Eres pobre, pero elegante. Eres pobre, pero sexy. Tienes estilo."
Ese espíritu explica gran parte de sus videoclips, sus performances y el extraño universo visual que construyeron durante todos estos años.
También es cierto que algunos críticos cuestionaron que Die Antwoord presentara el zef como una representación de toda Sudáfrica, cuando otros consideran que refleja principalmente una experiencia ligada a ciertos sectores blancos afrikáans. El documental menciona las controversias que rodearon al grupo, aunque evita convertirlas en el eje principal del relato.
Hablando sobre su estilo visual, es invetiable incluir en esta entrada (como en el documental) la mención especial: Roger Ballen.
Este reconocido fotógrafo aparece entrevistado durante buena parte del documental y Ninja llega incluso a considerarlo un miembro más de la banda.
No es una exageración. Su fotografía, cargada de surrealismo, marginalidad y extrañeza, terminó moldeando gran parte del universo visual de Die Antwoord. Cuesta imaginar la identidad estética del grupo sin su influencia.

Creo que el documental funciona tanto para quienes ya siguen a Die Antwoord como para quienes apenas los conocen.
Explica el contexto de manera sencilla, sin perder demasiado tiempo en detalles innecesarios, y consigue equilibrar la información con algunos momentos más emocionales sin caer en el melodrama.
En mi caso, me permitió comprender mucho mejor cuáles eran las motivaciones de Ninja y Yolandi. Más allá de sus personajes performáticos, terminé viendo a dos artistas que encontraron una forma muy particular de expresar quiénes son.
Quizá esa sea la mejor definición del espíritu zef: convertir tu propia rareza en una identidad artística y no pedir permiso para hacerlo.
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