¿Qué ocurre cuando tres personajes inadaptados y exageradamente violentos quieren reclutar para su banda a un escritor maquiavélico para que sea baterista aunque jamás haya agarrado una baqueta en su vida? Pero este nuevo integrante tiene otras intenciones mucho más allá de tocar la batería.
Así de extravagante comienza este film belga: Ex Drummer, adaptacion de una novela publicada en 1994 de Herman Brusselmans, es una película que no se guarda absolutamente nada de pudor. De principio a fin reina el descontrol total de sus personajes. Cada fotograma parece una captura de inmoralidad tras otra. Hay violencia extrema, actos sexuales explícitos y asquerosidades de todo tipo envueltas en esta cinta.
Sin embargo, todo lo descrito hasta ahora no convierte a la película en un simple ejercicio de shock barato y gratuito.
Aquí en Bélgica algo huele a podrido.
Los habitantes marginales que muestra el filme representan esa podredumbre en sí misma. En otras palabras, personas que no logran encajar dentro de una sociedad del primer mundo debido tanto a sus condiciones físicas como a sus cuestionables defectos morales.
El que supuestamente es el más “normal” es el escritor ficticio Dries. Y digo “normal” porque, a diferencia de los tres inadaptados, tiene una vida relativamente estable para los estándares belgas: posee fama como escritor, vive en un moderno departamento y tiene una esposa. Sin embargo, detrás de esa apariencia civilizada, Dries utiliza su visión maquiavélica para manipular y aprovecharse de los integrantes de la banda. Podría decirse que es un hombre común dentro de una sociedad mejor adaptada al sistema.
Sus tres compañeros de banda, llamados The Feminists —nombre que ellos mismos adoptan por considerarse inútiles—, terminan funcionando como conejillos de indias para Dries. Él los observa cuidadosamente, detecta sus debilidades y exprime al máximo sus miserias humanas para utilizarlas como material para su próximo libro.
Las diferencias económicas y culturales entre los personajes se reflejan constantemente en sus extrañas y decadentes formas de vida, así como en la interacción con otros excéntricos personajes secundarios, ya sean familiares o amigos. Desde un skinhead femicida que vive literalmente boca abajo hasta un padre de familia medio sordo y golpeador, pasando por un homosexual que tiene inmóvil la mitad del cuerpo.
En este submundo de un país “desarrollado” —donde incluso se menciona el pasado esclavista de Bélgica de forma breve— se expone el deterioro moral de una sociedad frecuentemente idealizada por muchos intelectuales del tercer mundo. Los personajes sobreviven día a día entre miserias y humillaciones con el objetivo de participar y ganar un concurso de bandas. Claro que ese es el sueño de los tres inadaptados, no el de Dries.
Y ahí es donde la película se vuelve más incómoda: Dries, quien se cree menos inmoral que el resto, podría ser cualquiera de nosotros. Después de todo, ¿a quién no le ha pasado tener que aceptar cualquier trabajo o aprovechar cualquier oportunidad para sobrevivir, sin importar demasiado el fin? En esta jungla moderna sobrevive quien mejor sabe sacar ventaja de las circunstancias.
El comportamiento maquiavélico de Dries pone sobre la mesa una idea bastante perturbadora: ciertos rasgos psicopáticos pueden ser útiles —e incluso recompensados— dentro de la sociedad contemporánea. Al final, pareciera que se salva quien mejor sabe manipular el sistema en beneficio propio.
En lo personal, es una película que me gustó bastante. El morbo que contiene tiene un sentido ácido, incómodo y crítico, más que ser un mero adorno de shock visual. La película escupe bilis contra toda tradición moralista europea, ya sea progresista o conservadora. Y probablemente, por los tiempos que corren, una obra así quedaría enterrada o directamente cancelada.
Eso sí: no se la recomiendo a personas sensibles a un humor extremadamente negro. La película hace chistes sobre discapacidades, violencia, machismo, homofobia y otros temas bastante pesados. No busca agradar ni ser moralmente correcta; busca incomodar constantemente al espectador.


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