📚 #21 Acabo de Leer: El Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald

 Por fin me tomé un breve descanso de la literatura de aventuras después de Harry Potter. Vuelvo con este comentario sobre una historia bastante alejada de lo que acostumbro a hablar en el blog, pero hacía tiempo que tenía ganas de leer esta novela y finalmente le di su oportunidad.

¿De qué trata El Gran Gatsby?



Sin ahondar demasiado, la historia gira alrededor de Jay Gatsby, un misterioso millonario que quiere recuperar a un antiguo amor, Daisy Buchanan.

Ambos habían mantenido una relación años atrás, antes de que Gatsby se marchara a combatir durante la Primera Guerra Mundial. Cuando regresa, Daisy ya se ha casado con Tom Buchanan, un hombre rico de una familia adinerada, y ambos tienen una hija. Pero Gatsby no está dispuesto a aceptar que el pasado haya quedado atrás. Su enorme fortuna, sus fiestas y su particular estilo de vida parecen estar relacionados, en gran medida, con un único objetivo: volver a estar junto a Daisy.

Todo esto lo conocemos a través de Nick Carraway, el narrador de la novela, quien se convierte en vecino y amigo de Gatsby. Además, Nick es primo de Daisy, por lo que termina ocupando una posición bastante particular dentro de toda esta historia. Está relacionado con todos los personajes principales y termina involucrándose cada vez más en sus problemas. Al mismo tiempo, mantiene cierta distancia. Eso permite que observemos a Gatsby desde afuera y que poco a poco descubramos quién es realmente detrás de esa imagen de millonario misterioso que organiza enormes fiestas.

La novela juega bastante con esa idea. Gatsby es una persona conocida por todos, pero al mismo tiempo casi nadie parece conocerlo realmente.

Una de las cosas que más me llamó la atención del libro es todo lo que aparece alrededor de la historia principal. La novela está ambientada durante los años veinte, en el período posterior a la Primera Guerra Mundial, y Fitzgerald aprovecha ese contexto para mostrar una sociedad marcada por el exceso, el consumo y el derroche. También aparecen elementos muy característicos de aquellos años, como el jazz, los automóviles y la Ley Seca. Esta última no hizo desaparecer el consumo de alcohol, sino que contribuyó al crecimiento de redes clandestinas y del crimen organizado.

Estados Unidos aparece así como una potencia joven y cada vez más rica frente a una Europa que todavía se encontraba marcada por las consecuencias de la Gran Guerra. Incluso cuando aparecen ciudades europeas, muchas veces son mencionadas como destinos relacionados con los viajes y el ocio de las clases acomodadas.


Es interesante porque, aunque la novela cuenta una historia bastante sencilla, funciona también como una pequeña ventana hacia aquella sociedad.

Lo que más embellece este libro, para mí, es justamente su forma de narrar. Fitzgerald utiliza muchas metáforas y descripciones que, lejos de sentirse innecesarias, ayudan a construir las escenas y el ambiente de la novela.

No es un libro que necesite cientos de páginas para explicar lo que quiere contar. Es corto, va relativamente al grano y cada capítulo aporta algo a la historia.

En conclusión, El Gran Gatsby fue una lectura bastante diferente a lo que suelo traer a Acabo de Leer. Y justamente ahí está su encanto. 

Es una novela corta, entretenida y bastante fácil de leer, pero detrás de esa historia aparentemente simple hay una crítica bastante amarga sobre el dinero, las clases sociales y esa idea de que cualquier persona puede conseguirlo todo si se esfuerza lo suficiente.

Gatsby consiguió su fortuna y que cientos de personas asistieran a sus fiestas, pero había algo que seguía estando fuera de su alcance que es ese pasado que vivió junto a Daisy. 

Quizás por eso, después de cerrar el libro, la famosa figura de Gatsby deja de parecer la de un millonario misterioso y empieza a parecer la de alguien que pasó demasiado tiempo intentando recuperar algo que ya no existía.

Y para una novela que tiene apenas unas pocas páginas más de lo necesario, no está nada mal.

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