Seré sincero. Vi Music porque su reputación estaba marcada por el morbo: críticas negativas de parte de críticos de cine e internautas que la describían como ofensiva o problemática. Me acerqué pensando que no me iba a gustar, influenciado por esos comentarios indignados. Sin embargo, mi experiencia fue otra y encontré un filme diferente a lo que muchos relataban en redes y columnas indignadas.
¿Qué tiene esta historia como para “provocar” tanto?
La trama se centra en Kazu (Zu), una mujer con un pasado complicado —trafica drogas, tiene problemas de dinero y lucha con el alcoholismo— que, tras la muerte de su abuela, debe hacerse cargo de su hermana menor, Music, una joven con autismo no verbal. A partir de ese punto, la película explora los desafíos de Kazu y otros personajes marginales: un ex boxeador afroamericano y un joven con un padre abusivo, entre otros. La narrativa mezcla drama con secuencias musicales atípicas que, según la intención de Sia, representan cómo Music siente e interpreta el mundo interno a través de la música.
Aunque Music (interpretada por Maddie Ziegler) es un personaje central, no es la protagonista principal en términos narrativos. La historia se sigue principalmente desde el punto de vista de Kazu, cuya evolución emocional es el centro dramático del filme.
Ahora bien, parte de la controversia no surgió de la historia en sí, sino de cómo fue recibida por parte de comunidades y activistas, sobre todo relacionadas con el autismo. Uno de los ejes del debate fue la decisión de Sia de poner a Maddie Ziegler —quien no es autista— en el papel de un personaje no verbal con autismo. Esto generó críticas por considerarse que roles de personas neurodivergentes deberían ofrecerse a actores que pertenecen a esa comunidad, particularmente cuando se trata de personajes con discapacidades profundas. Muchos usuarios en redes y defensores de la representación auténtica lo calificaron de una representación superficial y dañina de personas con autismo.
El intercambio en redes sociales también alimentó la polémica: Sia defendió públicamente sus decisiones de casting y explicó que había intentado trabajar con una actriz autista que encontró la experiencia demasiado estresante, pero sus respuestas en Twitter fueron consideradas insensibles o defensivas por parte de varios críticos y miembros de la comunidad autista. Algunos señalaron que ese tipo de reacciones empeoraron la percepción pública, más allá del contenido de la película en sí.
Otra parte de la controversia se centró en escenas visibles en el tráiler que muestran a Music siendo físicamente contenida durante un “meltdown”, algo que muchos defensores de derechos de personas con autismo consideran traumático o incluso peligroso, especialmente cuando no se contextualiza apropiadamente.
Puedo entender por qué estas críticas surgieron y por qué ciertos sectores se sintieron ofendidos o mal representados. Al mismo tiempo, es importante ver la película dentro de su propio universo narrativo. Music no es un documental y tampoco pretende ser una guía educativa sobre autismo. Es una obra de ficción con elementos musicales y dramáticos que exploran temas de familia, responsabilidad emocional y redención. Es posible que intente ser empática sin ser necesariamente realista, y esa línea puede chocar con expectativas de quienes buscan fidelidad clínica o representativa.
En mi opinión, Music es una película decente y entretenida. Sí es rara, dramática y en momentos “cursi”, pero no es necesariamente “lo peor”. Tiene valores de producción notables, actuaciones con momentos sinceros y secuencias musicales loquisimas. Si bien entiendo las críticas, también creo que la obra merece ser juzgada tanto por sus intenciones narrativas como por sus tropiezos en representación.
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