Hace poco volví a ver "Hagen y Yo" (Fehér Isten) para comentarla y comprobar si me seguía gustando tanto como la primera vez. La respuesta fue un sí rotundo.
Esta película húngara cuenta, en apariencia, una historia simple: la búsqueda de un perro por parte de su dueña.
Hasta allí, podría parecer el típico film “conmovedor” de Hollywood para espectadores sensibles. Sin embargo, a medida que el relato avanza, la trama se vuelve cruda sin necesidad de recurrir al morbo chocante. El maltrato animal existe, y aunque la película no cae en el extremismo visual, puede revolver un poco las entrañas, sobre todo en un primer visionado.
En el universo de esta historia, el gobierno húngaro impone por ley multas a quienes posean perros mestizos, promoviendo así la cría de perros de raza pura.
¿Por qué?
Al principio no lo tenía del todo claro. Supuse que podía tratarse de una cuestión sanitaria o algo similar. Sin embargo, al leer otras reseñas, encontré una interpretación sugerente: los perros mestizos funcionarían como una alegoría de los inmigrantes en Europa y de la crisis migratoria.
Con esa clave de lectura, las decisiones del gobierno dentro del film comienzan a adquirir otro sentido. Aun así, durante la “venganza” de los perros —y en especial la de Hagen—, todo podría leerse también como un simple desborde del control institucional sobre los animales por parte de la perrera. No obstante, la película muestra, sin excesiva pretensión, el abuso sistemático hacia los animales, no tanto como obra de la “humanidad” en abstracto, sino como resultado de un sistema que se aprovecha de la indiferencia y el desorden.
Aquí, los maltratadores se salen con la suya. No reciben castigo. Todo es tolerado, ya sea a la vista de todos o en la clandestinidad. La justicia, si se la puede llamar así, llega de la mano de los caninos, los que son perseguidos por la perrera, el carnicero, el vagabundo, los apostadores e incluso la policía.
En cierto momento, pareciera que los animales adquieren una suerte de conciencia colectiva. Ese giro resulta tan perturbador como extrañamente satisfactorio.
Fehér Isten es una experiencia que puede resultar muy dura para algunos —especialmente para los amantes de los perros—, abordando este tema de una forma inquietante, perturbadora y, por momentos, casi surrealista.
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