🎥 #41 Chatarra en Acción: Tierras Perdidas (2025)

La nueva película de un director que, en lo personal, me gusta. De su saga Resident Evil, solo vi hasta la tercera entrega. De niño, disfruté su adaptación de Mortal Kombat. Más adelante, su versión de Los Tres Mosqueteros —con un estilo steampunk— me resultó bastante entretenida. Durante la pandemia, su film Monster Hunter fue como una pequeña caricia para el alma: una historia de criaturas de otros mundos que supo ofrecer evasión en tiempos difíciles ( y mucha aventura)

                     Poster en español


Hoy, tras un año esperando su nuevo proyecto, puedo decir que, en líneas generales y pese a mis expectativas, quedé conforme. Eso sí, hay ciertos matices que me gustaron y otros que no tanto —aunque estos últimos son menores—.

La película es un viaje hacia un objetivo claro, protagonizado por dos personajes principales: una bruja y un cazador, quienes deben cumplir sus promesas. Una de las más importantes es la que La Reina le hizo a la bruja para poder tomar el control de La Iglesia.

      Fotograma: La Bruja rodeada de los                                    esclavos

El estilo visual combina elementos del western con una estética retrofuturista —específicamente dieselpunk—, lo cual encaja a la perfección con el universo que plantea la historia. El mundo es post-apocalíptico, y las personas han tenido que adaptarse a un nuevo orden liderado por La Iglesia y sus acólitos, quienes persiguen a la bruja por herejía, aunque ella es venerada en secreto por los esclavos que preparan una revolución clandestina para derrocar al Overlord (una especie de Papa).

La trama está repleta de traiciones y conspiraciones, cada personaje persigue su propio interés. Lo negativo es que estos eventos suceden con tal rapidez que no permiten al espectador sumergirse del todo en el clímax. Hay asesinatos significativos que, sin embargo, pasan casi desapercibidos debido al poco desarrollo de los personajes secundarios. Tal vez el director quiso priorizar el ritmo narrativo, ya que la película dura apenas una hora y media —un tiempo algo escaso para la complejidad que propone—.

                          Fotograma

Aun así, es una película disfrutable. La química entre los protagonistas funciona, a pesar de la desconfianza que existe entre ellos. La aventura avanza con agilidad, y cuando querés darte cuenta, ya llegaron los creditos finales.

Las historias sobre la caída de regímenes tiránicos —ya sean seculares o religiosos— siempre resultan atractivas, independientemente de cómo se desarrollen. En este caso, la ejecución es satisfactoria, aunque todo ocurre tan velozmente que uno termina sabiendo poco y nada.

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