Voy a ser claro con respecto a los dibujos animados: a mí me gustan, pero solo si no recitan sermones directamente en la cara del espectador. Me atraen esos cartoons que hacen locuras y desafían toda lógica (véanse Tío Grandpa, El Superbeasto, Un Show Más, Hora de Aventura, etc.), o también los que son simplemente “slice of life” entretenidos, como Angry Birds: Summer Madness, sin necesidad de meter un discurso edulcorado sobre el “amor” y la “amistad” de forma explícita. Solo quiero diversión pura.
No tengo problema con esos conceptos —el amor y la amistad—, pero si alguien empieza a soltar frases como “No hagas eso porque no está bien” y acto seguido se vuelve bueno... una de mis cejas se arquea y los músculos que la rodean se tensan en señal de incredulidad. Probablemente el uso tan cursi de estos temas se deba a que es una película para niños.
Ahora bien, volviendo a esta película: su título ya engaña. Las Aventuras de Dog Man nos presenta a un policía y su perro que sufren un accidente, y luego son cosidos como si fueran el monstruo de Frankenstein: cabeza de perro, cuerpo humano (con manos de perro). Así nace Dog Man, un superpolicía con la inteligencia de un can y la autoridad de un uniformado. Uno podría esperar que este “superpoli” sea una máquina de dar palizas caricaturescas a los criminales de la ciudad y que derrote al villano en una explosión de locura animada.
Pero no. Nada de eso ocurre. Esta obra decide centrarse en la relación de un pequeño gato con su “progenitor” (Gato Pedro). El gatito resuelve todo con “amor”, dialogando con los villanos, que se redimen fácilmente y sin demasiado esfuerzo.
Todo esto, obviamente, se siente forzado, y eso hizo que esta aventura animada me disgustara. Pudo haber sido algo bien loco, como El Capitán Calzoncillos —que, dicho sea de paso, es del mismo estudio—. Pero hacer películas “para niños” con estilo de ositos cariñosos no da mucho material para comentar.
Lo último que puedo decir es que, si bien no llega a ser algo infumable, puede que al final tenga un par de momentos divertidos. Pero eso se logra a costa de mucho aburrimiento durante el desarrollo. A veces muestra algo de creatividad, pero en general se queda en una regularidad fácil y predecible.
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