Nunca en mi vida jugué al videojuego de carreras Gran Turismo, pero muy probablemente el juego esté mucho mejor que la película. Otra cosa es que el nombre no solo remita al título ya mencionado, sino también a un supuesto joven gamer que, tras pasarse horas jugando a la PlayStation, llegó a convertirse en corredor profesional.
Verdadero o no, de eso trata este filme que, de no ser por sus escenas de acción automovilística, sería un auténtico bodrio. La película no es mala per se, y gracias al cielo, tampoco es aburrida, pero resulta algo genérica en la forma en que ejecuta esta historia de un muchacho gamer fanático del Gran Turismo. Una premisa que, de oído, suena bastante épica, pero que en pantalla no llega a estar a la altura de su propio potencial.
Personalmente, las películas sobre deportistas no me llaman demasiado la atención: podés ganar o perder, esas son las reglas, no es el fin del mundo. Todo se reduce a probabilidades lógicas. ¿Qué más puede pasar?
Me pareció una película regular, sobre todo teniendo en cuenta que la dirige Neill Blomkamp, de quien amé sus trabajos de ciencia ficción, tanto en largometrajes como en cortometrajes.

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