El personaje más bizarro de Troma Entertainment —un estudio conocido por producir cine independiente sin filtros ni censura— regresa en este reboot de Toxie: El Vengador Tóxico. Desde los ochenta, sus películas han causado indignación entre los puritanos y fascinación entre el público ávido de un cine transgresor.
Hoy son varias las producciones que utilizan el género de superhéroes para parodiarlo o criticar a la sociedad —pienso en Kick-Ass o La Garrapata—, pero en los ochenta esto era poco habitual e incluso provocativo. Por entonces, el género era mayoritariamente un producto infantil, como bien señaló Alan Moore en alguna de sus entrevistas.
A pesar de nuestro contexto actual, saturado de historias sobre seres poderosos con leotardos que actúan como marionetas gubernamentales, esta nueva versión de El Vengador Tóxico hace, en mi opinión, justicia al original, aunque desde una perspectiva actualizada.
La trama tiene algunos pequeños cambios en comparación a su predecesora: un padre viudo y enfermo a causa de residuos nucleares lucha por conectar con su hijo único. Tras ser perseguido por matones corporativos, el personaje de Peter Dinklage cae en un contenedor de desechos radiactivos. Pese a estas diferencias, la película reduce notablemente los chistes escatológicos y sexuales, suavizando ese aspecto tan característico. Eso sí: el gore sigue intacto (por suerte), y también se mantiene la crítica social contra empresarios corruptos y desalmados que, en este caso, contaminan el medioambiente y dañan la salud de las personas. Lo mejor es que conserva su humor negro habitual.
Me parece perfecto que se sigan haciendo este tipo de películas gamberras, tal y como mencioné antes. Aunque esta versión es menos "picante" que las ochenteras, conserva esa rebeldía encubierta bajo un monstruo deforme y profundamente humano.
Comentarios
Publicar un comentario