Estrenada el 25 de abril de 2025 en Netflix, Havoc marca el esperado regreso de Gareth Evans (The Raid, The Raid 2) al cine de acción, esta vez con Tom Hardy en el papel principal. La premisa suena tentadora: un detective se ve atrapado en una red de corrupción policial y guerras entre mafias asiáticas, mientras intenta rescatar al hijo delincuente de un político. Con Evans en la silla de director y Hardy como protagonista, uno esperaría una bomba de adrenalina con profundidad emocional. Pero lo que recibimos es un producto visualmente estilizado, contundente en sus escenas de pelea, pero narrativamente limitado.
Lo mejor de Havoc está en lo superficial, y no lo digo como insulto. La película es un deleite para los amantes del cine de acción sucio, urbano y descarnado. La fotografía es gélida, con escenarios sombríos y decadentes que parecen salidos de un cómic noir postapocalíptico. Las calles mojadas, las paredes rotas, los pasillos interminables de edificios abandonados… todo bañado por una paleta invernal que congela hasta el alma. La música, con un pulso electrónico que roza lo cyberpunk, acompaña muy bien ese descenso a los infiernos del crimen organizado.
Y sí, hay violencia. De la buena. Gareth Evans no ha perdido su toque para las coreografías brutales, directas, con planos largos que dejan ver cada puñetazo, cada derribo, cada crujido de hueso. Tom Hardy parece un tanque humano que arrastra su cuerpo herido por media ciudad, con la mandíbula apretada y los nudillos ensangrentados. Hay algo casi hipnótico en cómo se mueven los combates: precisos, sucios, reales. La acción es lo mejor de Havoc, sin lugar a dudas.
El problema, como suele pasar en esta clase de películas, es todo lo demás. La historia es funcional pero poco inspirada. Lo que comienza como un relato sobre corrupción termina en un catálogo de traiciones y clichés genéricos. Los personajes son meros arquetipos: el policía endurecido por la vida, los mafiosos genéricos, el niño perdido, la mujer misteriosa -pero se ve genial-. Nadie tiene verdaderas motivaciones, y cuando las tienen, resultan tan inconsistentes que uno se pregunta si hubo recortes de guion en el montaje final.
Tom Hardy hace lo que puede, que no es poco, pero su personaje está escrito con una brocha gruesa. No hay arco de transformación ni profundidad emocional, solo un hombre golpeando a otros hasta llegar a la resolución final. A veces eso puede ser suficiente. Pero en Havoc, la falta de lógica en las decisiones de los personajes termina minando la credibilidad de la historia. Todo se siente demasiado guiado por las necesidades de la próxima pelea, y no por un desarrollo narrativo orgánico.
¿Es una pérdida de tiempo? Para nada. Havoc es cine de acción puro, con una puesta en escena cuidada, ritmo veloz y suficiente carnicería urbana para mantenerte pegado al sillón durante sus 100 minutos. Pero tampoco es la reinvención del género ni un nuevo clásico. Es entretenimiento inmediato, eficaz pero olvidable. Un buen ejemplo de “cine para ver mientras estas sin nada mejor que hacer".
En resumen, si lo tuyo son los thrillers de acción donde el protagonista se arrastra por un infierno urbano con los puños como brújula moral, Havoc puede ser una grata experiencia. Pero si esperabas un guion sólido, personajes complejos y algo que te deje pensando después de los créditos… probablemente tengas que buscar en otra parte del catálogo.
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