🎥 #39 Chatarra en Acción: Modigliani, tres días en Montparnasse (2025)

Cuando una película está basada en un personaje real, no suele llamarme mucho la atención. A menos que los involucrados en la producción cinematográfica logren una ejecución que me parezca interesante o novedosa sobre la persona retratada.

El pintor y escultor Amedeo Modigliani es ya un arquetipo: el artista bohemio, loco y problemático. El cine lo ha llevado a la pantalla en varias ocasiones, aprovechando su vida breve y trágica para reforzar ese estereotipo del genio incomprendido, tan arraigado en el arte del siglo XX.

Sin embargo, esta película no me pareció una "biografía" de Modigliani en sentido estricto. Más bien, la sentí como una narración concentrada en ciertos episodios de su vida en Montparnasse, donde la miseria, la enfermedad, y sus vínculos con amigos y amantes (escritores, pintores, marchantes, etc.) ocupan el centro de la escena. A esto se suma su carácter rebelde y su origen étnico, que lo mantienen al margen de una sociedad francesa atravesada por la Gran Guerra.

Modi —como lo llaman sus compañeros— no logra vender una obra, y no sólo por el rechazo del público o por sus actitudes, sino también por la ineptitud de su galerista. La película no trata sólo sobre Amedeo, sino también sobre lo difícil que puede ser insertarse en el mercado del arte siendo un “don nadie” sin los contactos adecuados.

La muerte acecha al protagonista, pero aquí no es el centro de la historia. Es apenas un elemento más de su sufrimiento cotidiano.

La película tiene momentos cómicos (algunos algo forzados), lo que la vuelve entretenida de ver. No intenta provocar tristeza ni generar grandes transformaciones en el protagonista. Aun así, se disfruta gracias a su cuidada fotografía, el buen trabajo actoral y la ambientación, que —aunque limitada a escenarios como bares, casas de galeristas, conventillos de artistas o restaurantes de lujo— funciona muy bien.

No es cine para todos, claro está. Pero lo que más valoro es que se permita tomar ciertas licencias creativas, sin necesidad de rendirse completamente a la “figura histórica” que pretende representar.

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