Creí que iba a ver esta (última) película recién en 2025, pero gracias al cielo pude encontrarla en Internet con buena calidad. La última vez que vi un filme relacionado con el Papado fue Los dos papas, disponible en Netflix (muy buena, por cierto), no muy diferente a esta nueva obra llamada Conclave, una adaptación de una novela, cuya particularidad es que toda la trama se desarrolla dentro del Vaticano.
Allí se cuecen las conspiraciones, el trabajo "sucio" para elegir al próximo pontífice, o al menos así lo plantea el director. Todo está presentado de una forma que no demoniza a ningún personaje... salvo, quizás, uno relacionado con la secta de los lefevristas.
Dicho sea de paso, entre los candidatos al Papado hay divisiones bastante marcadas: por un lado, los tradicionalistas antimodernistas; por otro, los liberales que buscan reformar algunos aspectos de la Iglesia; y en el medio, ciertos conservadores más moderados. La tensión en el cónclave lleva a los cardenales a encerrarse en sí mismos, obsesionados con la elección y el poder, hasta el punto de olvidarse del mundo real... y de la Palabra de Dios.
Si hay algo que siempre me llamó la atención de la Iglesia Católica es que, a pesar de la corrupción interna y los quilombos que puedan surgir, sigue teniendo un aparato doctrinal y una jerarquía que mantiene unidos a más de mil millones de fieles en todo el mundo (a diferencia del protestantismo). Saben jugar sus cartas: la religión se adapta con el tiempo, ajusta reglas que hace mil años eran de otra manera. Los tradicionalistas quieren volver a los ritos del pasado, mientras que los liberales moderados prefieren adecuarse a estos tiempos, donde —al menos en Occidente— la religión ya no gobierna. Hoy predomina el Estado laico, la democracia secular, y en la película se puede notar cierta simpatía hacia el bando liberal, representado por personajes como los cardenales Aldo Bellini, Thomas Lawrence (el protagonista), Vincent Benítez y, diría yo, hasta el mismo pontífice fallecido.
Aun así, Conclave no se burla del catolicismo. Se toma en serio su universo y va desarrollando los hilos poco a poco, hasta llegar al fondo de la cuestión en este mar de intrigas y sospechas.
La película, por lo menos a mí, me mantuvo enfocado las dos horas que dura. Pasa el tiempo y siempre hay algún nuevo misterio por resolver a cargo del protagonista, que no me dejó indiferente. El final me tomó completamente por sorpresa (contuve la risa) y, sin embargo, tiene todo el sentido del mundo dentro del contexto. Eso terminó por convertirla en uno de mis filmes favoritos del año. No hay mucho más que escarbar.
En resumen, Conclave no solo es un thriller intrigante sobre el poder y la política dentro del Vaticano, sino también una reflexión sobre los desafíos que enfrenta la Iglesia Católica al adaptarse a un mundo moderno y secular. Aunque su visión sea más favorable a ciertos sectores, la película logra mostrar la complejidad humana detrás de las decisiones que marcan la historia religiosa. Es un filme que, además de mantenerte al borde de la silla, invita a cuestionar el equilibrio entre fe, poder y moralidad. Sin duda, Conclave es una obra que no deja indiferente y que nos recuerda que, incluso en el corazón de la Iglesia, el poder siempre tiene un precio.
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