🎥 #34 Chatarra en Acción: Megalopolis (2024)

Esta obra del conocido director Francis Ford Coppola —nunca había visto una película suya en mi vida— ha arrastrado alguna que otra polémica, desde su producción hasta su promoción publicitaria. Se ha vuelto un poco más popular por esos asuntos externos que por la trama misma del film.

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La película es un verdadero delirio visual. Justo acabo de leer Miedo y asco en Las Vegas (otra historia delirante), y aquí se utiliza un frenesí gráfico —como si estuviéramos en unos felices años 20 reimaginados— con puro surrealismo para explorar los problemas personales del protagonista: un arquitecto innovador que aún no ha superado la muerte de su esposa, y que cae en recaídas de alcohol, lo que genera imágenes extravagantes y alucinantes... aunque no tan desquiciadas como las de Hunter S. Thompson.

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La historia gira en torno a la creación de una ciudad utópica, en oposición al gobernador actual, que es conservador y quiere dejar todo como está, convencido de que "así está bien". En esta nueva Roma decadente, se nos presenta la competencia entre estos dos personajes, en una Nueva York deteriorada, llena de pan y circo. Hay un diseño visual muy interesante, con toques de art déco en ciertos interiores.

Es una interpretación moderna de la Antigua Roma, con la invención de un nuevo material de construcción llamado "Megalo", creado justamente para levantar la imaginativa MEGALOPOLIS. Además, el protagonista tiene el poder (o más bien el simbolismo) de detener el tiempo. Yo lo interpreté como una metáfora de valorar lo antiguo para reconstruir lo nuevo, superando ese pasado conservador que el gobernador representa. De hecho, ambos personajes debaten sus visiones de cómo encarar ese futuro.
Mientras tanto, la película muestra una sociedad en plena decadencia: sexo, alcohol, drogas, fiestas por doquier, mientras se discute el destino de Nueva York, una ciudad que se va derrumbando a la vista de todos.

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Esta obra de Coppola es, en el fondo, una combinación de símbolos que presentan una Roma ficticia a la deriva, que puede leerse como un reflejo de la actual Estados Unidos: un imperio en decadencia que debe reconstruirse o reinventarse. El director se la juega por completo en esta frenética historia que pone en escena el conflicto entre distintas ideas políticas y sus formas de llevarlas a cabo. Los protagonistas viven en una distopía opresiva, sin justicia ni pan, mientras los políticos derrochan el dinero en juegos, luchas, música y espectáculos. También hay revueltas orquestadas por fascistas, que se enfrentan tanto al gobernador como al arquitecto visionario. Todo es distópico al principio, pero con el pensamiento utópico del protagonista, esa visión empieza a parecer un futuro posible.

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Es la primera vez este año que no sé cómo sentirme tras ver una película. Es extraña, atípica y escandalosa. No me aburrí, pero tampoco me sentí emocionado o satisfecho. Es como si frente a mí estuvieran ocurriendo cosas inexplicables... como en la actualidad, con ciertos hechos históricos difíciles de asimilar o aceptar. Bueno, así me hizo sentir. Y quizás el no saber cómo explicar esta sensación sea lo más positivo de esta experiencia, que sin duda ha dado mucho que hablar (para mal) a lo largo del año.

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