📚 #4 Acabo de Leer: Miedo y Asco en Las Vegas de Hunter S. Thompson

Siempre tengo la costumbre de ver primero una película basada en un libro y luego leer el libro. Esta vez no fue la excepción. Miedo y Asco en Las Vegas, publicado originalmente en la revista Rolling Stone en 1971 (Fear and Loathing in Las Vegas, en inglés), es para mí un delirio literal. Dos personajes se dirigen a Las Vegas a cubrir eventos para una revista, pero eso no es más que una excusa para "probar" ese famoso sueño americano: excesos, consumo, y qué lugar más consumista que Las Vegas, donde el despilfarro y el vicio están activos las veinticuatro horas.

Pero, ¿acaso esta obra es como esas películas de drogones hechas para dar "risa", como si fueran dos bufones para pasar el rato? En mi opinión, no. Siempre hay que tener en cuenta el contexto: cuándo y dónde fue escrita. Hunter S. Thompson creó este texto en una época cargada de tensión social: la guerra de Vietnam, el colapso del movimiento hippie y el auge del desencanto con el sueño americano. A través de la cultura de las drogas y la sátira, Thompson escribe sobre una generación que se sintió traicionada.

El movimiento hippie, que fue pacifista, anarquista, idealista y contrario al militarismo, comenzaba a derrumbarse. Su utopía de un mundo sin naciones, sin violencia, basado en el amor libre y la espiritualidad, se desmoronaba. Esa utopía que Raoul Duke y el Dr. Gonzo salen a buscar —o más bien a enterrar— en este viaje alucinógeno hacia el corazón podrido de América.

      Johnny Depp como Raoul Duke en la            adaptacion cinematografica del libro

Demasiado idealismo que no pudo sostenerse. La guerra triunfó. El sueño se rompió. Y la derrota en Vietnam no fue solo militar, sino cultural. Las drogas, en ese marco, aparecen como una forma de evasión, pero también como una herramienta para enfrentar esa decadencia. En Miedo y Asco las sustancias funcionan como medio de liberación, pero también como vehículo para el deterioro. No hay romanticismo con respecto a ellas, sino caos y ambigüedad.

Uno de los momentos más impactantes es cuando se muestra la ignorancia de la policía sobre las drogas. En los mítines antidrogas que describe Thompson, los oficiales demonizan al consumidor mientras ignoran por completo a los productores y al contexto. Quedan expuestos como bufones hipócritas, incapaces de comprender el fenómeno que intentan reprimir.

El consumismo, representado por Las Vegas, es el otro gran blanco de la crítica. Los protagonistas —una versión deformada de Hunter Thompson y su abogado, Oscar Zeta Acosta— atraviesan la ciudad del pecado cometiendo infracciones, estafas y delirios varios, todo bajo el efecto de un arsenal de drogas. Lo sorprendente es que nada parece tener consecuencias, salvo los propios efectos devastadores de las sustancias.

                          Fotograma

Y no, no estamos ante una comedia vulgar al estilo Seth Rogen. Esto es otra cosa. Es escritura con contexto, con carga ideológica, con un pulso narrativo que mezcla cinismo, ironía y caos. Thompson no es un simple "tipo drogón": es periodista. Pero su estilo es el gonzo journalism, donde mezcla ficción y realidad de forma radical. Su estilo te arrastra: vivís con Duke y Gonzo, sufrís con ellos, experimentás lo que ellos experimentan, sin tener que consumir nada. La narración es caótica, divertida, cínica. No hay victimismo, hay delirio lúcido.

El viaje que Thompson hizo con su abogado fue real, pero lo que se narra aquí está llevado al extremo. Es un relato deformado y suculento, cargado de monólogos interiores, diálogos extravagantes y momentos de crónica tradicional. La realidad y la ficción se solapan hasta que ya no sabés qué es qué. Y, como dijo William Faulkner: «la buena ficción es más realista que cualquier tipo de periodismo – y los mejores periodistas lo saben».

Miedo y Asco en Las Vegas refleja el conflicto entre el idealismo y el desencanto, entre la utopía perdida y el colapso cultural de toda una generación. Es también una exploración de la identidad a través de la locura. Una obra imprescindible para entender el fin de una era y el inicio de otra mucho más cínica.



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